“¡Que traspase las fronteras!”, arengó Henry Ventura. El director del Pequeño Cottolengo de Don Orione redobló la consigna propuesta. ¿La maratón debería ser replicada por otros cottolengos del país? “No sólo aquí; también en Chile, en Venezuela, en todos los países donde haya uno”, sugirió enérgicamente el referente de la institución.

El padre vivió por primera vez la Maratón de Don Orione como director. Sabía sobre el poder solidario de la convocatoria, ya que hace seis años trabaja para la obra en Tucumán. En la edición 24 de la prueba atlética confirmó que miles de tucumanos tienen agendado, una vez al año, ayudar mediante el deporte. El venezolano, como todos los integrantes de la comunidad de Don Orione, no dejan de emocionarse y agradecer el aporte para el crecimiento, principalmente, edilicio.

NO FALTÓ NADIE. Los Bataglia acompañaron hasta con su perra en la llegada. la gaceta / fotos de diego aráoz

Esa es la percepción también de Florencia Jara. La mamá tiene a sus tres hijos en el Colegio Don Orione y su marido es de los primeros egresados. “El Colegio está a la par del Hogar de Día, puedo confirmar que creció un montón”, reconoció. Para explicar la evolución, recurrió al calendario familiar. “El mayor está en sexto, pero va desde Jardín de cuatro, así que de verdad nosotros hemos visto todos los cambios: era muy sencillo al principio y ahora es muy grande. Todo es por lo que se recauda en la maratón, y todo se lo ve”, destacó con felicidad Jara. Instalados también en la zona de la llegada en el parque 9 de Julio, estaban los Bataglia. “Tenemos dos hijos en el colegio: en primero y tercero”, detalló Roberto. “Es único. El progreso se ve día a día. Tanto en el Cottolengo como en el colegio”, aportó Cecilia cómodamente sentada en la lona que pusieron sobre el césped. También, desparramados ahí, están Tiziano, Francisco, Robertino, Salustiano y Eva, la perra de la familia.

ESPERA. Florencia, que abraza a sus hijas, comparte cada maratón con amigos.

A pocos metros, están los Loi que tienen un vínculo con los Bataglia. “Nietos y sobrinos van al colegio desde jardín de infantes”, cuenta Flavia acompañada por sus padres. “Por ellos conocemos como les inculcan el amor por las personas diferentes y eso es lo que nos conmueve para venir a ayudar”, explicó la profesora de educación física, que en su época de estudiante también ayudó.